FALCON

 

         El falcon, el auto de la familia argentina, la máquina fuerte y fiel, objeto de culto, herramienta de exterminio en la última dictadura militar.

Nací en 1978, y el falcon es para mí el objeto que condensa todos estos significados, como distintas interpretaciones de la realidad según el rol que  cada uno asumió en nuestro pasado reciente.

          Apropiarnos de este falcon, que fue verde y perteneció a la policía, des-armarlo y construirlo como obra, como escultura, es sustraerlo de un destino anónimo, de la destrucción o el rescate coleccionista. Entregarlo así a la mirada pública, a la posibilidad de una nueva indagación.

         Hacerlo objeto de una reflexión sobre nuestra historia que nos permita la sincera asunción de responsabilidades. Ir más allá del camino ya transitado en busca de los autores materiales de la tragedia, para reconocer en nuestra sociedad a sus autores ideológicos. El falcon verde como máquina de exterminio fue resultado e instrumento de un proyecto económico mundial. Es testigo del costo que ha tenido su éxito.

         Es también el falcon un objeto que refiere a lo colectivo: a la familia, a los grupos de tareas, a ese uso de taxi compartido que le dan hoy día en La Noria y otras estaciones del conurbano, donde se los ve circular maltrechos y cargados, una vez más ligados a lo clandestino. Y en cuya transformación en obra trabajamos colectivamente, lo que quizás pueda significar que sólo así es posible transformar lo que es creación de una sociedad, y que es a ella, exhibiendo este trabajo, a quien corresponde dirigirse.

 

Marcela Oliva