FALCON
Falcon era el auto del abuelo y de mis tíos del campo. Me
fascinaba el asiento enterizo de adelante, y me agarraba siempre el dedo con el
botón del picaporte. Claro, como acordarme de otra cosa si nací en 1976. ¿Qué
puedo saber yo de los Falcons verde? Una
máquina que pueda vincularse a su vez con la familia y con el terror de Estado.
Creo que desde allí parte mi premisa de construir (me) una memoria y contribuir
con una reflexión por medio de una acción concreta. Se trata de hurgar en los
trastos dejados por la historia para hacerla propia como acto de renuncia a la
pasividad con que se miran los hechos del pasado.
Actualmente los seguimos viendo pasar por las calles y
dudamos entre una intranquilidad y un temor que encuentro banal por fuera de los
que lo sufrieron. Falcon es sólo un auto, es sólo una máquina, una cosa inerte.
Miedo dan las personas que torturaron, las que apoyaron, las que no vieron. Las
que convierten diariamente al Falcon verde en una leyenda que, fascinación de
por medio, vela la realidad tangible de todos los hechos que ocurrieron detrás.
Es una forma de compactación de episodios históricos como son
los monumentos. En ellos es donde justamente este tipo de condensación unívoca
de significados se hace concluir. Su aparente densidad corpórea es pretendida
como una densidad histórica que se exprese lo más claramente posible en los
límites de su materia. La forma llena de lo que se nos presenta torna su
contenido legítimo ininteligible o velado.
La tumba es el monumento-recordatorio que carece de esa
corporeidad y de esa exterioridad. No se puede dejar de evidenciar la vacuidad
con la que se nos manifiesta. Su contenido lo sabemos extinguido, pulverizado.
Tras la tapa, la puerta o la placa nos espera un vacío. Y desde esa nada delineamos
nuestra relación con lo pasado, con lo sucedido y con lo ausente. Lo material,
lo físico de la tumba adolecen realmente de significado. Establecemos un
vínculo individual y cerrado con su interioridad descubierta. Es bajo esta
mirada que Falcon, donde además fueron vistas por última vez tantas personas,
puede develarnos su forma hueca.
Falcon puede ser pensado como ese objeto vacío depositario de
significados diversos a través de los cuales la historia nos mira. Ese vacío es
abierto literalmente y mostrado mediante la acción de desmantelar. Y, aunque
parezca obvia esta exposición de oquedades, es a través de la percepción de
estos espacios viscerales y su vacuidad donde la relación dialéctica con lo que
no vemos y debemos construir encuentra lugar.
Luciano
Parodi